BIOGRAFÍA. Segunda parte.

Apoyada por la familia para la cual trabajaba, mi madre fue de las primeras mujeres Indias que se atrevió a tramitar una solicitud de divorcio. Eso le valió el desprecio de propios y extraños. Por temor a represalias, íbamos poco a la ciudad. Por lo tanto, en mi infancia nunca fui a la escuela. Recibí de mi madre la educación básica. Sin embargo, algunos de los sirvientes con los que compartíamos el techo tenían hijos pequeños y me instruyeron en las normas sociales, religiosas, culturales y cívicas imperantes en el país. Fue gracias a la gran diversidad de personas que me formaron, que aprendí a leer y escribir en cachemirí (la lengua local), en hindi (el idioma oficial) y en inglés (el idioma oficial asociado).

Mi habilidad para las matemáticas y las noches que pasaba sin dormir mirando al cielo, llamaron la atención de Samir, un caballerango de edad avanzada y muy respetado entre la comunidad, que solicitó permiso a mi madre para ayudarme a desarrollar mis facultades como astróloga. Desde ese día el viejo Samir fue mi maestro.

Cuando cumplí 12 años comencé a trabajar para Mr. Caldwell. Mi conocimiento del inglés y las lenguas locales le eran de utilidad para que realizara compras y trámites burocráticos en la ciudad. De principio mi madre se opuso al trabajo por miedo a que mi padre pudiera descubrirme y hacerme daño, pero cambió de opinión al darse cuenta de que mi padre ni siquiera me conocía...

Al cumplir 15 años ingresé a la escuela para recibir educación formal. Ese mismo año, Indira Gandhi se convirtió en la primera mujer en la historia de la India en convertirse en Jefe de Gobierno. Como consecuencia de eso, se desató la primera guerra importante contra Pakistán. Al año siguiente, el gobierno avisó a mi madre que mi padre y mi hermano mayor habían muerto en el campo de batalla y que mi otro hermano había decidido quitarse la vida al recibir la noticia.

El trabajo con Mr. Caldwell me permitía atender mis estudios formales y no descuidar mi aprendizaje con Samir. Mis facultades se desarrollaban rápidamente y las interpretaciones de las cartas natales que hacía con Samir eran cada vez más atinadas. Ambos desconocíamos mi capacidad para predecir hechos futuros hasta que un día le dije que volveríamos a entrar en guerra con Pakistán. En 1971 el territorio de Cachemira volvía derramar sangre. Este acontecimiento hizo que mi madre, un tanto escéptica de mis facultades, me apoyara para ingresar en la sucursal local del Indian Council of Astrological Sciences. Tiempo después de graduarme, murió Samir, mi primer gran maestro y un digno representante de la figura paterna durante mi infancia.